ECOLOGIA DEL MES DE ABRIL EN EL LLANO

Garzas en la laguna

ECOLOGIA DEL MES DE ABRIL EN EL LLANO

Adolfo Rodríguez

Como una anunciación asoma el mes de abril en el Llano

Es un saludo ritual el alborozo de José Antonio De Armas Chitty en su poemario “Candil”:  “claro abril”, “abril de la acacia”.

Lazo Martí lo presiente en esta pintura que nos ofrece en la estancia VIII de  su Silva Criolla:

“Nueva decoración y nuevo encanto / lucen las atrayentes lejanías”

Ese afán de compartir que lo hacía cada vez más figurativo  (estancia VI):

 “Al tornar frescos hálitos del Norte, / del país de la nieve, / en junco silbador y hora leve / tendrá el estero florecida corte. / Al pie de los ganados, / y cuando caiga la primera bruma, / volverán los ganados; / y cuando caiga la primera bruma, / volverán los pastores emigrados; / volverán las vacas / a repletar las cercas; y de espuma / a coronar los botes, / la linfa de las ubres ordeñadas. / Concertará de nuevo la alegría / el coro de las voces; / tras de recia labor –ya muerto el día-/ caballeros veloces / partirán de amorosa romería; / y al calor del brasero, / cuando la noche pavorosa avance, / cantando irán de trovador llanero / la copla, el tono triste y el romance”  (estancia VI).

Como en un brindis se expresa Jorge Plaz:

!Abril1 !Abril! El mes de las ciruelas

En el cual llegan las primaveras

…………

Mes de remolinos y chubascos,

Que huele a tierra remojada

……….

Relinchan las potrancas ardorosas

Anhelantes de un próximo querer.

De patos en bandadas y garzas que “alegran la paz de la llanura”, “nueva vida en la sabana” y un susurro de  “brisa en la espesura”, “trueno sordo en el oriente”, fugaz relámpago, preludios de invierno o primavera, mientras en pequeñas lunas, donde aves del río devoran peces que subsisten…

Es el mes más templado del verano

Y las aves lucen sus colores

Al bajar a beber en el ribazo

Se contemplan como si fueran flores”

“Abril, mes de remolinos y chubascos/, que huele a tierra remojada/ los que traen alegría a la llanura/, y de pronto se alegra la vacada”

Remolinos de polvo a lo lejos, como grandes humaredas, inmóvil el pajonal a un costado del río, ráfagas ardientes y alguna fresca, se ve aves que agitar sus gargantas, acezando en el ramaje que sobresale al rio (Torrealba. II, 177-8).

El tenso preludio del contrapunteo entre Florentino y El Diablo de Arvelo Torrealba rememora un tiempo de recia estacionalidad: verano a punto de candela, en que los ganados no retornan aún de la región de las aguas, pastos resecos, aún sin lluvia, detenido el viento y despejado el cielo de rumazones, el jagüey agostado y, el incendio, de monstruosa apariencia:

“Puntero en la soledad / que enlutan llamas de ayer, /macolla de tierra errante / le nace bajo el corcel./ Ojo ciego el lagunazo, /  sin junco, garza ni grey, / dura cuenca enterronada / donde el casco da traspié. / Los  escuálidos espinos / desnudan su amarillez. /…”/.

Fogón universal al que ripostan clamores invisibles:

“Las chicharras atolondran / el cenizo anochecer. / Parece que para el mundo / la palma sin un vaivén”.

Soliloquio de sequía, desierto y  canto, conjurando el  agua:

“El coplero solitario / vive su grave altivez / de ir caminando el  erial / como quien pisa vergel. / En el caño de Las Animas / se para muerto de sed / y en las patas del castaño / ve lo claro del jagüey.

Propiciatorio el cantor esgrime sus reliquias llaneras:

“El cacho de beber tira, / en agua lo oye caer; / cuando lo va levantando / se le salpican los pies, / del cuerno vacío / ni gota pude beber. / Vuelve a tirarlo y salpica / el agua clara otra vez; /  ávido sorbo susurran / los belfos del palafrén; / dulce rosario destila/ del empapado cordel; / mas solo arena los ojos / en el turbio fondo ven”.

Relata De Armas Chitty que cuando la laguna  del pueblo en Santa María de Ipire “se fue quedando un triángulo de agua, un ojo verde. Abril, seco  y tremendo resbaló treinta veces por el cielo…..”

“Olimpia Silva habló… de las serpientes encantadas que se quedaban en las lagunas…”

“…No faltó quien viese un día moverse el barro, y con asombro… que un animal alzaba del charco los ojos inmensos…”

Los denominados “Rollo de culebra”, que no es otra cosa que una hembra de Anaconda o Culebra de Agua en celo y machos copulando en los remanentes de pozos, ríos y lagunas.

Agregando De Armas que “una noche se abrió…. el cielo y el mundo se llenó de agua… La laguna amaneció hinchada…En su choza de paredes que entrelazaban varas negras de hierro de píritu que tiene la pulpa recia, la anciana…Sonreía. Gozaba su triunfo, el triunfo del agua que supo resistir la sequía”.

De viaje al Llano, el 9 de abril de 1927, cuenta Gallegos cómo lo acompañó “sol abrasador y lluvia copiosa, con todo el estruendoso aparato de una tormenta llanera, donde entre nublado y sabana un solo trueno no tiene cuando acabar”.  Y aproximándose, la medianoche, “al ras del horizonte, el fucilazo del relámpago”.

“Los primeros aguaceros de abril- de acuerdo con Ramo y Ayarzaguena (1983)- anuncian el inicio del año llanero” y reconoce la fauna el arribo de “un nuevo ciclo”: garzas, babos, galápagos, babas y chigüires se dispersan hacia “los pequeños charcos recién formados” y los jóvenes gavilanes ensayan sus primeros vuelos; la sabana pasa de tonos amarillos a verdes, los bosques “brotan de nuevo”; nacen galápagos e iguanas, nidifica el cardenalito y paren cachicamos; un coro de machos anfibios inflan sus sacos bucales y convocan, con cantos,  a hembras de la misma especie (Pp. 19,   72-74).

Para dichos autores, temporada en que ocurre uno de “los fenómenos más espectaculares del llano: los garceros”, en que cotúas, garzas, ibises y gabanes, efectúan el proceso de reproducción, abunda alimento y las aguas los resguardan de los depredadores (P. 32)

Cientos de iguanitas inundan la sabana (Ib. P. 27)

Las perdices al llegar las lluvias construyen sus nidos en el suelo, en la base de las macollas de paja (Ib., p. 37)

Entre otras aves, nidifica el cardenalito y la chenchena adicta a los árboles inundados del bosque de galería de los caños (Ib. p.  41).

Por el suelo proliferan nidos de paja de los cachicamos para acomodar sus crías, mientras él se oculta en cuevas (Ib. p. 45).

Se espera mayo rastrojando el conuco

El llanero avizora el nivel de las crecientes observando el lugar donde las choznitas construyen su nido (Méndez, Orangel, 1932).

En Camaguán y Santa María se reproducen los pericos cara sucia.

Ernesto L. Rodríguez, citado por Malaspina (2008) dice de un “grito muy popular” que en abril lanzan “los hombres que labran la tierra: ¡Agua Dios… y venga mayo; y malojo pa mi caballo! “(p.  10).

Terminando abril bien puede el Orinoco estar aún en su nivel mínimo, pero al iniciarse mayo “comienza el flujo del río”, mostrándose en el ambiente los primeros indicios de lluvia (Tamayo, 1961, 22).

Invierno inminente, se marchan las aves migratorias, se acrecientan los ríos, espejean los esteros rivalizando con el cielo, surcan las guabinas el mojado, incluso por entre los caminos del ganado y gallitos azules llegan por las noches y canta el saucé en el bosque.

La Cañafístola  floreció y, en las zonas altas, relucen apamates y otras especies de su género, de flores efímeras, de diez a veinte días.

La Guía Turística de Venezuela de Miro Popic Net dice que en los Llanos, anida el Pato Real y nacen crías del Caimán del Orinoco. Aparean el Gavilán Pita Venado, el Gavilán Teje y el Gavilán Andapie, que es ave polígama y poliándrica. Algunos con crías.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

ARVELO TORREALBA, A (1995). Florentino y El Diablo (contiene las tres versiona principales del poema). Barinas: 90 años del Poeta Alberto Arvelo Torrealba.

De Armas Chitty, J. A. Candil : Romance de la tierra / José Antonio de Armas Chitty. — Caracas: Poligráfica Nacional, 1948. — 101 p.

De Armas Chitty, J. A. Cardumen: relatos de tierra caliente Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1990. — 113 p. — (Colección El Libro Menor, 172).

GALLEGOS, Rómulo. Doña Bárbara. Caracas: Colección Ayacucho, 1977.

Guía Ecoturística de Miro Popic Net, revisado en http://www.miropopic.com/ecoturistica/ (enero 2009)

LAZO MARTI, Francisco Poesías. Caracas; Academia Venezolana de la Lengua, MCMLXXXVIII.

MALASPINA, Edgardo. Ernesto Luis Rodríguez: el último juglar. Caracas: Sacven, 2008.

RAMO, Cristina y Ayarzaguena, José. Fauna Llanera: Apuntes sobre su morfología y ecología. Caracas: Cuaderno Lagoven, 1983.

TORREALBA, Antonio José. El Diario de un Llanero, Caracas: UCV 1987.

ILUSTRACIÓN: Fotografía de Arturo Álvarez D´Armas; un garcero, cerca de Camaguán, Estado Guárico.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

LAS PRIMAVERAS LLANERAS

Baquero Nariño escribe que “el símil de la primavera se vincula con el fin del ayuno. Es la “renovación de los fuegos” de la creencia azteca. Son los “humos protectores de los cultivos” en el culto sarahui. Es el cíclico retorno a la animalidad que la mojigatería endilga de pecaminosa”.

Nydia Ruiz comenta esa denominación que los llaneros otorgan a cierta época del año, en vísperas de entrada de aguas: un término asociado a una tesitura, a una propensión de ánimo, a una resurrección, fecundidad, renovación.

Viene mayo viene abril / y vienen las primaveras / y vienen los hombres libres / para las mujeres solteras”-

Cabrera Malo narra este cambio:

Verano. Bochorno, Los frebaños van ahuyendo hacia las costas del gran río. El sol quema. El cielo está blanco. El matorral jadea como un perro sediento; ya, seguramente se ha esterilizado hasta la última simiente vegetal, cuando, he aquí que los tautacos se echan a volar, lanzando en el aire incendiado las notas ásperas y cortas de sus gritos sdalvajes. Es que ha entrado el invierno. ¿Cuándo? ¡Quién lo sabe! Pero es cuando llega el brisote, húmeda y tumultuosa promesa de primavera.

!Llueve….llueve….llueve!

!Resurrección! ¡Resurrección!

Las savias fluyen como las aguas. Las fieras, las plantas, acometidas del mismo celo bestial, y su animalidad victoriosa llena los bosques y las sabanas de venenos de amor y fragancias mortales. Pimpollos, hojas, flores, todos brota a una y perfuman por igual. Hay en el suelo calcinado un forcejeo febril hacia el follaje, hacia el verdor, hacia el sombrío. ¿Cómo en una noche, tan sólo en una noche, la fruta, aceda ayer no más, ha podido convertirse en jugosa poma de coral,…. Florecen las orquídeas, de garzas rojas y de tautacos que claman lastimeros se pueblen las rebalses…” (p. 42).

En su novela Mimí relata un día y una noche de lluvia en aquel llano de 1898:

uno que otro peón encobijado …chapaleando lodo y con el agua a los jarretes.

El viento frío como viento de páramo…

De vez en cuando una ráfaga furiosa corta las cañas tiernas, hace crujir tristemente los aguacates y los mangos que caen, desgajados, llenando el matorral de quejidos y de tumbos y encrespan las ondas de la quebrada que comienza a enturbiarse y a arrastrar basuras y palitos podridos.

Los perros duermen enroscados como gusanos, al calor del fogón; y las gallinas empapadas, con las colas bajas y chorreando agua, persiguen en el suelo las recién nacidas viejitas y los comejenes alados

……..

Las hojas grises de ayer son ahora trasparentes y parecen de esmeraldas”

Hay “chorresras de agua limpia” resbalando por los troncos fangosos”, cortezas lavadas, savia que revienta en retoños y cogollos tiernos, botones y flores aromosas, “donde vendrán a emborracharse las abejas y los tucusos cuando el sol caliente y echen alas los primeros tordos…”

Cuando por “la niebla que se alza de las cañadas y de los matorros; brotan, a lo largo de los surcos los pimpollos de los primeros conucos; sobre los troncos quemados….los gavilanes; las perdices y las potocas…presurosas en parvadas por el suelo….y entre los tunales y los quebrahachos, sobre los techos y las empalizadas, se rquiebran de amor las mansas tortolitas que luego se irán a anidar en lo más oscuro y reservado de los paraparos en flor.

En breve, crecerá el granadillo vivaz…

Sobre las espigas….. vendrán a posarse…. las bandadas alegres de chirulíes y en sus macollas hisopadas de leches….se agazaparán gozosos los conejos…

,,,los samanes, los caros y los guásimos se cubrirán de nuevas hojas…

..

A la orilla de la laguna, entre las hierbas anegadas sobre las hojas flotantes, se posarán los yaguasos y anidarán los chillones gallitos de laguna y las gaviotas tristes. Las babas escarbarán en el cieno para desovarse.En los huecos de los troncos viejos horadados por los carpinteros de copetes azules y alas javadas, asomarán sus cabecitas verdes los pericos; los colgantes nidos de los arerndajos y de los turupiales se agitarán removidos por la cría nueva; y los lagartijos y las culebras se retorcerán entrelazadas sobre la arena ardiente o en las ramas de los árboles llenas de de azulejos, de paraulatas clamorosas y de toches, regocijados todos y enardecidos por los primeros aromas de la vida y embriaguez sexual de la primavera…(p. 134-5)

Torreealba A, J, (II, 83) describe una mañana primaveral llanera: “una brisa franca soplaba del naciente; los paujíes cantaban con fuerza; las bandadas de cotúas cruzaban las riberas del río; las matracas cantaban alegres pues sus hijos estaban criados; los loros gritaban y cantaban a coro, buscaban cueva para poner sus huevos, igual que los loros, los guacamayos buscaban sus nidos. Las yeguadas retozaban contentas con sus lindos y briosos potros; los caballos recordando su invernadero, no dejaban de relinchjar, , jugando hasta calentar el sol; los ganados de las rochelas salieron a comer retoño de los saetales quemados; la floresta reverdedició en una semana; las hojas secas de (l) sándalo, al ser mojadas, lanzaban ese olor penetrante de sarrapia. Los bálsamos y masamasos se cubireron de morado y rosado; los salados se cubrieron de amarillo; los guarataros, de morado y los guayabitos de blanco…Los guachamales se cubrieron de blanco y rojo, color de sus flores. Sus lindos estambres y delicados pistilos…ningun pajarillo se equivoacaba para posarse sobre sus cubiertas ramas, para posarse y libar la miel de aquella peligrosa y venenosa flor…

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Baquero Nariño, Alberto. Crónicas del Llano: Sábado santo: ¡A quebrar la olla!

Cabrera Malo, Rafael, El Reflejo de los Remansos Azules. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua correspondiente de la Real Española, 1989. — 389 p. (Colección Génesis))

Cabrera Malo, RafaeL Mimí: novela nacional. Caracas: Tipografía El Pregonero, 1898.

Torrealba, Antonio José. El Diario de un Llanero, Caracas: UCV 1987.

PIE DE FOTOGRAFÍA: “Garzas en la laguna”, entre Camaguán y La Negra, Estado Guárico, foto de Arturo Álvarez D´Armas.

Garzas en la laguna

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

ECOLOGÍA DE LA SEMANA SANTA

lANOECOLOGÍA DE LA SEMANA SANTA

Adolfo Rodríguez

SANTIDAD DE LO PRIMARIO

Entonces, en el llano, cesaba toda muestra de aculturación, mientras la tierra recuperaba los modos primarios de vida:. recolección, pesca y hasta caza, aunque en términos más ecológicos. Es la búsqueda de ramas, frutas y flores. Loyo Rojas habla de una “época de romerías”, rancherías a la costa de los ríos, caños y montañas, “ya en la procura de la salón de chigüire…o la de lanzarse al apaleo de las charcas…método singular de asir…el escurridizo galápago”: Despliegue de habilidades para un dialogo con el medio natural, la ferocidad y la abundancia. .

Una suspensión de interferencias ante la eventual consustanciación con los orígenes: trozar leña para no herir al Señor ni barrer patios porque se maltrata sus costillas, no viajar lejos, lavar ni cazar; en reposo las queseras y santa paz con los animales. disponiendo los becerros hasta de la leche de ordeño, no se muele el maíz ni se tiende arepas, el café no se pila ni se tuesta y nada de cabalgar porque se haría sobre los lomos martirizados de Jesús. Sujetos, quienes desobedezcan, a que la infracción se revierta: el cazador herido por su propia arma; el conuquero que abre callejones, halla ahorcado un becerro; se abre la tierra a quienes lidian con ganado. El Pez Nicolás es alguien que se bañó en días santos y las sirenas y toninas mujeres que violaron tales restricciones,

Dice Ana Socorro Del Corral que por la semana del concilio son las expediciones para castrar colmenas o colmenear sirviéndose de taparas forradas con pencas de palma o de moriche, sabanear corozos en los jagüeyes, pericocos para los juegos de pares o nones (pericoqueando), morrocoyes (morrocoyando) para el pastel o cuajada o guiso con arroz que se consume desde el miércoles santo, o el rayado para el hervido, baba para el pisillo de rabo e baba como se estila en Guardatinajas; chigüires, lapas o báquiros que los perros acosan (chigüirear), caraota pintá o tapiramo que en los campos de Santa María de Ipire se consume guisá; yuca para los buñuelos rociados con miel de erica, amén del dulce de cirgüela, de “topocho maduro” o de lechosa.

TIEMPO LUDICO, SENSUAL Y LIBRE.

Los rituales de la Semana Santa, en el campo o la ciudad, se experimentan como ejercicios de intenso fervor religioso, del que no escapa el medio circundante, transido de regocijo y libertad. . . .

Tránsito e inmersión, que deriva en placidez y hedonismo Una plenitud satura todo a modo de tenso sostenutto que tendrá su climax el día de la pasión:

Las romerías, los encuentros, los intercambios, las conversas, animados de intenso preparativo.

Bendición de las palmas el Domingo de Ramos, que en oriente del Guárico y en los llanos de Anzoátegui son de moriche: “Sácanse de ellas fibras en las que se hacen treinta y tres nudos, mientras, simultáneamente, se rezan otros tantos credos, por cada uno de los cuales se obtiene, según la tradición y dentro del año, un favor divino”. Las pencas bendecidas se distribuyen y se colocan en variada forma (cruces, corazones, etc), a modo de amuletos que amparan hogares, personas y hasta vehículos, generalmente, tras puertas y balcones, donde, también, se fijan, en la misma época, plantas de závila y ramas de brusca. O los siete palitos de romero, atados en ramillete y que se recogen en viernes santo, para conjurar rayos y centellas.

El lunes santo no se golpea, el chiquero arde de quelonios (morocoyes, galápagos y terecayes) entre el barro y, de las trojas, ristras de hallaquitas, salón de chiguires, bagres o pescao rayao. .

Lunes y martes el tañer de campanas. El ritual de los pasos de “La coronación de Espinas” de la Humildad y Paciencia, conminando la soberbia y el desespero; azotes y flagelaciones a “Jesús en la Columna”, concitando mansedumbre (Iturriza Guillén, s/f).

Un investimento bajo cuidadosas proscripciones. Hernández (1988) refiere que en Escuque, en los Andes, por miércoles, jueves y viernes santos, “todo estaba prohibido. No se podía hacer ruido…, no se podía escupir…, no se podía gritar, tirar piedras, cazar o matar animales, pelear, elevar volantines, jugar metras, echar runches, jugar hoyito, picar troyas, jugar palmo, jugar pepas, jugar caguega, jugar abierto y mucho menos decir malas palabras, ya que todo molestaba al señor Jesucristo. Hasta los billares los tapaban con una lona para que nadie jugara… Nadie se mojaba, nadie iba al río, nadie andaba solo, la pinga. … El campanario solo era usado para tocar el Angelus a las seis de la tarde o dar las nueve de la noche con sus acostumbrados dobles…El jueves santo eran reemplazadas por las matracas” (p. 139-140).

Pineda, R. (1951) en su poema “viernes Santo”, hace inventario de esas abstinencias en Guayana:

El espantapájaros se ocultará de si mismo en el bosque

el hacha derretirá sus filos en el fuego,

la cuenca vacía de la aguja descansará en el cofre,

la escopeta de los palomares,

y el corazón perturbado dentro del pecho.

No cortaremos leña

porque cortaríamos

de raíz

las costillas de mármol de Dios.

No herraremos los cascos salvajes

porque clavaríamos a los potros en la tierra.

No contaremos los huevos empollados

porque sabríamos cuantas horas falta para morir.

Las mujeres abandonarán las espesuras

y se llenara el vientre de melancolía.

El grito no espantaría a las codornices

Hasta el corazón debe quedarse mudo,

encerrado dentro de cuatro paredes

en este día.

No se ordeñará la ubre madrugadora

ni boca alguna entonará la copla enamorada,

para no mancharnos los dedos de herejía

ni perder el habla para siempre.

En esta casa nadie tiene miedo a

la tempestad

ni al relámpago

porque las cruces de palma bendita

sujetan los cerrojos de la ventana.

Si un rayo cae al patio,

Santa Bárbara misma nos ayudaría

a hipnotizar las serpientes

con una sola de sus miradas enardecidas.

El domingo pasado

oramos 33 veces

en las esquinas solitarias del Sepulcro,

y le torcimos el cuello al vómito negro

con los retozos santificados.

Ayer al mediodía

los pies de los hijos fueron lavados en la iglesia

para que el tigre no siga sus huellas

ni el león los asalte en la noche.

La comadre perdió a una de sus hijas

cuando se bañaba en el Orinoco

tal día como hoy,

a escondidas de sus ojos.

La muchacha se convirtió en tonina

y ahora gime,

con los senos desnudos,

en la espuma que la lleve hacia el mar.

Por no haber rezado un padre nuestro a tiempo,

en el fondo del Caroni yace mi primo

el que se lanzo a las aguas,

enloquecido por las 8 caras burlescas de

un diamante.

La sal está proscrita en los manteles.

Temblando como un ajusticiado,

sobre el cuchillo se derramó el vinagre.

Frio aletazo de pescado,

para refrescarnos las palabras,

y lechosa sin madurar su vaga insidia

será nuestro almuerzo.

Hoy queremos meditar, sin cobardía alguna

sobre los misterios escritos en las piedras.

El ángel no se irá de los balcones

sin llevarse nuestras sábanas prestadas.

Restricciones que refuerzan “casos” o “cachos” que el prolongado ocio circunstancial depara:

Mi madre tiene la culpa

que yo ande por el mar,

porque a lavar me mandó

en Jueves Santo a la mar

Para Don Felix León, en Zaraza, bañarse auspicia la aparición de penitentes.

Y Alberto Baquero Nariño que “La transposición de lo sacro de templos a hogares en época pascual impone vigilia. En tales días abundan las viandas a base de exóticas carnes de especies silvestres. La dieta incluye peces, tortas y majaretes, un conjunto afrodisíaco que lo pone como para partir mararayes. Pero, vaya contradicción. A la par se promulga una veda irrenunciable a las delicias del amor: En días santos, no se puede “poner el burro en la sombra”.

En el llano –al decir del catire Próspero Amín Castellano- la época ordena privarse de bailes y de tragos; se juega furrifurri, baraja española, dominó, ajedrez, parqués. Hay corrillo cerca al fuego, en la cocina”.

Mientras que en Achaguas, Apure, por la noche del miércoles, El Nazareno centraliza la escena con la imagen donada por el Presidente Páez. Culto que, en Caracas, detenta el Nazareno de San Pablo, por leyenda akusiva a su paso bajo un árbol de limones en la esquina de Miracielos, induciendo el empleo de tal fruto para conjurar una peste. Suceso que Andrés Eloy Blanco rememora en su poema “El Limonero del señor”.

Considera Baquero Nariño cómo “en ciertas ciudades, en la Semana Mayor se oye un melancólico son a “sotto voce” de tambor y de trompeta…. El sacrificio del Nazareno con viacrucis, peregrinación, parodia de crucifixión, autoflagelación sangrante. Silencio de campanas. Se carga el sepulcro: Dos pasos adelante, uno atrás, en alegoría al ritmo implacable de la existencia”.

El jueves santo, más estricto el impedimento a ordeñar (“sacarías sangre de la ubre”), tolerada en Camaguán, si con fines comunitarios o para “el arroz con leche”. No venderla ni elaborar queso con ella (Olivares Figueroa, 1960, p. 101).

Tiempo de hacer “gárgaras de malojillo” (Cabrara Malo, 1989, p. 56).

Martínez (1986) recuerda, en Altagracia, señores ostentando “el jueves trajes de casimir negro, con chaleco y vistosas leopoldinas”. Mientras, por Pariaguán -dice Balza Lugo-, los campesinos se enfundan en sus trajes domingueros, sombreros de cogollo, con mucha gravedad. Y Utrera (1985) el orgullo con de cada quien cumpliendo sus funciones, el palmero, el santero, el carguero, el faldonero, el matraquero (tocadores de matraca), el guardia blanca, el portador de insignias, etc.

Celo con que, en tiempos no lejanos, alborozaban algunos pueblos, procurando hasta con rago “turístico”, la época, como en Caripito, Los Teques, Caracas, Achaguas, Chacao, Altagracia de Orituco, Calabozo, La Asunción, El Hatillo, etc.

El viernes santo, se bendice plantas para el año que se avecina. Predilecta la závila, pero también alhelí, ramitas de limón y cayena o cortezas de apamate, pesgua, romero, indio desnudo, güira, quebrahacho, semillas, frutos y raíces de peonia, cabalonga, dividive, onoto, jengibre, ojo de zamuro, cardosanto, algalia, cereipo, resinas de tacamahaca, algarrobo,, bálsamo, manzanilla, grama, yerbabuena, borraja, berro, malojillo, cogollos de moriche; objetos de origen animal como colmillos de caimán, uñas de tigre, piel de mato, cascabel de culebra, vejigas de peces, y el tan acreditado cuerno de venado conocido con el nombre de “olicornio”, que propicia curaciones y conjura el Mal. El sermón de las Siete Palabras, celebrado en los templos, tiene su versión campesina, en la recolección, por Guárico, de siete piedritas, que en otros lugares son trece u once, para fines propiciatorios. Olivares F. (1960) dice que siete palitos de romero, que se hacina en sitio visible para ahuyentar tempestades. O cogollo fresco de závila o raíz de brusca. Reliquias denominadas “libres” de potencial efecto milagroso si perduran, siete horas, por lo menos, cerca de la imagen del Santo Sepulcro. En tanto que otros sugieren sembrar o podar, con buenos augurios.

Desde el amanecer del viernes, se procura tal materia que va a ser ungida. Día que, en ocasiones, se efectúa segundas cabañuelas del año, de madrugada, no con sal como en enero, sino con trocitos de papelón prieto (Utrera, 1983).

También se bendice bosta del ganado.

Propiamente, los juegos con zaranda, se habituaban el miércoles y jueves santo, aunque fuesen elaborados, anticipadamente, aquellas con calabacitas, que se encavan con clavos, se horadan con puyitas de juajua y se taponan con cera de colmena virgen.

Baquero Nariño reseña sobre mujeres jugando “la zaranda y el hombre con el trompo le tira a romperla y, si él la parte, se sugiere con sorna un pacto para quebrar la olla. En los caneyes entre machos se juega al azar de cara y sello con la huesa –chocozuela del venado que pintan por una cara- y que ponen a rodar. Quien pierde le toca “ponerlo”. Chanza y risa. Se juega troya y la matraca de madera suena en vez de los tañidos del bronce de las campanas y en medio de feliz algarabía”.

Agregando que “En el llano –al decir del catire Próspero Amín Castellano- la época ordena privarse de bailes y de tragos; se juega furrifurri, baraja española, dominó, ajedrez, parqués”, mientras hay “corrillo cerca al fuego, en la cocina”.

En Zaraza,. “la linda bota”, cuando el trompo perdedor se tira al monte. Quien más rompe zarandas escoge a la muchacha más linda para jugar con ella “pares o nones”, quiriminduñe, quiminduñe, quiliminduñe o piriminduñe, con pericocos, avellanas, caramelos, paraparas o pariolas, estas últimas también usadas como pichas o metras. En tanto que, por otros sitios, se elevan barriletes y cometas, elaborados de caña brava o carrizo. Y, al anochecer, apuestas con juego de baraja, siete y media, ajilei, caída, embarrao, sentados, en los patios, sobre cobijas de pelo. Mientras los enamorados juegan pares o nones, me quieres o no:

-Quiriminduñe

-Abra el puño

-¿Sobre cuánto?

-Sobre pares.

O de esta manera:

-Quiriminduñe

-Abra el puño

¿Me quieres o no?

Al Sur de Santa María de Ipire:

Cuántos gritos pega un loco

a orillas del Orinoco

Y cuando no, los mas jóvenes echan suertes con un trompillo elaborado con las espinas de bosú o palo e mapurite, cada uno de sus lados marcados con las letras M (meta) T(tome) S (saque) y D (deme).

La distanciación entre hombre y naturaleza, en algunas regiones, el viernes santo, se manifiesta en sacrififio de un caimán. Lo vive Gallegos la semana santa de 1927 en el Cajón del Arauca y símboliza, con ello, presuntos terrores que promueven, más bien,, ecocidios.

Día de zozobra, para las muchachas de Calabozo, obligadas a extraer matas de borrajón para corroborar su virginidad, si es que traen carbón en la raíz. .

RESURRECCIÓN

Hasta el domingo de resurrección en que los niños, en simulacro de iniciación de las riñas de gallos, carean gallitos elaborados con tusas de maíz, que desgranaron en la semana del concilio porque se piló antes de los días santos, para las cuerdas de bollos que reemplazan las arepas. En los Andes se simula, tales peleas, con huevos de gallina, aunque en gran parte del país, se practica con cocos, que sugiera al poeta Ernesto Luis; una gozosa metáfora:

Y un par de trémulos cocos

me van pidiendo pelea

No en vano Baquero Nariño dice que “la abstinencia da mpas ganas” y que, por ello, “un segundo después de las 12 p.m. del sábado santo, al barajuste cimarronero en sabana abierta del “mocho viejo”, según el recordado llanerazo, Rubén Camejo, mi primo”

Llega así “el anhelado instante en que toca ejecutar el ritual para “quebrar la olla”, porque como manda el padrote Hugo Mantilla Trejos… ¡el caldo se está haciendo tajá! “

Sábado Santo,, que el Padre Juan Antonio del Corral consideraba el mas grande porque Jesús lo ha pasado muerto en el sepulcro. Se bendice el agua usada con fines litúrgicos por los propios feligreses, se recoge 13 piedritas blancas, suenan tambores y fulías en algunas regiones y se “quiebra la olla” desde el mediodía, con sancocho de carne o cochino, y se desatan bailes de joropo, pasajes, pasodobles y danzas, con arpa, guitarrón, guitarra grande, violín o cuatro, sirviéndose de versos para sacar pareja, el sombrero en una estaca:

Pasó el aleluya/ cada quien coja la suya

Que, según don Felix, por Zaraza, se interpreta como que cada quien haga su oficio.

***

El zamuro pica y juye

Y el mono quiere mamá

En el Paso de Arauquita

canta la guacharacá

en el valle de Caracas

suena la campana y da

y esta señorita pierde

si no echa una bailá.

***

Mi madre murió en Caracas

Y mi padre en Barcelona

yo quedé solo en el mundo

por amar esta paloma.

Siendo en Domingo de Resurrección cuando se reanuda el hilo de sangre que nos une con España: peleas de gallo y muerte en el rural circo romano, tensión que se encadena a los inminentes rodeos de entrada de aguas, el pique de ganado hacia los paraderos y el coleo de la res brava para que regrese a la madrina o se descalabre para el consumo.

Siendo la quema de judas, con su testamento una voluntad renunciadora (todo se dona y, con gracia y sorna, se condena al pecador y al poderoso), cerrándose los rituales de desapego a cuanto desune e incitando, con el fuego redentor, el invierno. Como en “la roza nueva”  como anota Lazo Martí:

Y por la faz siniestra de la noche,

y bajo el cielo trémulo y sin nube,

en ondas mueve su plumón y sube,

y la esperanza lleva,

el humo, la plegaria del trabajo!

!El holocausto de la roza nueva!

Frazer (citado por Subero, 1974) dice que por simpatía, desde tiempo lejano, el hombre cree que “el fuego atrae el calor, o sea la primavera, asegurándose así la vegetación, quemando al dios que la personificada” para dominar “los elementos y las fuerzas de la Naturaleza”:

Simbolismo variable según las regiones. Para Iturriza G. (s.f.) el domingo de Pascua “ abre en Cumaná el camino del encuentro de la adolorida madre y del hijo resurrecto y glorioso, desde el Santuario de la Alta Gracia, por las calles de la Marina, de Flor de las Flores y de la Margariteña, hoy Arismendi, hasta el cabezal del puente que tiende su lazo fraterno sobre un rumoroso río de esperanzas que habrá de desembocar en el azul e inmenso piélago de la glorificación”.

Balza Lugo (1986) recuerda, por el barrio “el Bajo” de Pariaguán, recolección de “maracas” del viejo y frondoso Cañafístolo” para la cocción de “guarapo e cañafístola”, útil para dolor de barriga.

Secas las lagunas, tierra áspera y cuarteada. Comejenes y madrigueras de termitas en los peladeros.

Cuando…. Todo está seco y polvoriento, esplende el “cañafístolo Lluvia de Oro” (Giacoppini Zárraga, 1994).

Fin del verano. Lazo lo reporta en la estancia VIII de la Silva Criolla:

Cantando sin reposo, la guacaba / pide lluvias al cielo; / conquistan con la fuerza y la osadía / nidos para el invierno los turpiales; / en los ralos matales / mueve el amor tramada algarabía; / y con tesón rayano del enojo, / en la verde oquedad de la montaña / el carpintero de bonete rojo / cincela el tronco hasta la dura entraña” .

Cabrera Malo en su novela Mimí, una víspera invernal de fin del siglo XIX: el oriente “límpido y magnífico porque entre las franjas pizarrozas que en él comienzan a diseñarse, perduran las amapolas y no se ha desleído todavía el nácar de las últimas alboradas; pero hacia el ocaso, donde ayer no más el sol se moría como los dioses bárbaros entre una orgía de colores, entre erupciones de pedrería, dejando tras de sí, en el desmayo de la púrpura una como mística estela de sangre luminosa, una chorrera de rubíes en fusión, lanzada sobre la palidez de lirio de los cielos, se derrumbaban ahora lentas, pegadas, informes, como miembros de monstruos mutilados en alguna titano maquia suprema, las rumazones cárdenas con franjas negras, como mantos funerales descogidos en el espacio…

-va a llover!

Canto de chicharras bajo los mustios cujizales y a la sombra de los samanes y de los florecidos quebrahachos, era la más vibrante que nunca y en la sinfonía de contraltos (…) se alzaba sostenida y cantante, la nota sobreaguda y ensordecedora de los gurrufilines, borrachos de savias y repletos de vientos”.

En las lagunas del río, la melancólica plegaria de los sapos clamando lluvias y las garzas y las gaviotas “entre los sauces del río, mientras allá bajo, en los chiribitales”, alborozadas guacharacas (p. 111)

Chiricoas anuncian lluvia.

Todo el verano se pescó bagres, cajaros, rayados, etc. Dicen los pescadores que los meses de marzo y abril constituyen la época por excelencia del rayado, ,morocoto, curvinata, cachama, coporo, pavón, copaneca, palambra, payara, cajaro, caribe, cabeza de hacha, yqui, pijotero, zapata, bagre amarillo, bagre tigre, crorroncho, guitarrilla, blanco pobre, mapurite, docella, dorado, laulado (balentón), cogotúo, sardina, temblador, camarón, bobita, busco, raya, caimán, baba, terecay, tortuga, matamata, arenque y manatí…atarraya, tren y flecha. Hacen sus campamentos y rancherías…Tiempo que termina con la entrada de lluvias.

Zafra de caña de azúcar y yuca amarga, para papelón y casabe, en Santa María de Ipire. .

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

BAQUERO NARIÑO, Alberto. Crónicas del Llano: SÁBADO SANTO: ¡A QUEBRAR LA OLLA!

BALZA LUGO, Juan. Bosquejo de una Semana Santa en Pariaguán, en el diario La Prensa, 26.3.1986. p. 7.

Cabrera Malo, Rafael, El Reflejo de los Remansos Azules. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua correspondiente de la Real Española, 1989. — 389 p. (Colección Génesis))

Cabrera Malo, Rafael. Mimí: novela nacional. Caracas: Tipografía El Pregonero, 1898.

GALLEGOS, Rómulo. Doña Bárbara. Caracas: Colección Ayacucho, 1977.

GIACOPINI ZÁRRAGA, J. A. y Rafael Hoogesteijn. Los Llaneros. Caracas: Armitano Editores, 1994.

Guía Ecoturística de Miro Popic Net, revisado en http://www.miropopic.com/ecoturistica/ (enero 2009)

HERNÁNDEZ, Hernán (1988). El Juego y la Memoria: Escuque de mis recuerdos. Caracas: Ediciones del Congreso de la República.

La Semana Santa, en Revista Bigott, 13, 1988.

LAZO MARTI, Francisco Poesías Caracas; Academia Venezolana de la Lengua, MCMLXXXVIII.

LOYO ROJAS, Raúl (1985). Karanaú. Bogotá: Colcultura.

MARQUEZ G., Naury (1999). La devoción al Nazareno de Achaguas. Calabozo: Corpollanos.

OLIVARES FIGUEROA, R. (1960). Diversiones Páscuales en Oriente y Otros Ensayos. Caracas: Imprenta N

MARTÍNEZ, Jose Francisco. Aquellas Semanas Santas, en El Nacionalista, 25-3-1986, p. 24-25.

PINEDA, Rafael. Poemas para recordar a Venezuela. Caracas: Arte Grafica, 1951:

RAMO, Cristina y Ayarzaguena, José. Fauna Llanera: Apuntes sobre su morfología y ecología. Caracas: Cuaderno Lagoven, 1983.

RODRÍGUEZ, Adolfo. “Ecología de la Semana Santa”, en Sobre Los Llanos. Bogotá, Colombia, Publicaciones de la Asociación Cravo Norte, 1988.

RODRÍGUEZ, Adolfo. Historia de la Tierra de Ipire, 1998

RODRÍGUEZ, Ernesto Luís. Poesías.

SACHS, Carl.  De los Llanos. Caracas-Madrid: Ediciones Edime, 1955.

SUBERO, Efrain. El Juego de Paraparas o Pariolas, en Archivos Venezolanos de Folklor, X y XI (7), 1963, p. 258-267.

SUBERO, Efraín (1974). origen y expansión de la Quema de Judas. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello.

TORREALBA, Antonio José. El Diario de un Llanero, Caracas: UCV 1987.

UTRERA, Miguel Ramón. Tradiciones Populares de Semana Santa, en El Siglo, domingo 7 de abril de 1983, p. A-B.

INFORMANTES: Ana Socorro del Corral, Félix León, José (Cheo) Rivero, Rodrigo Rondón, Marcos Natera, Justo León y José Rondón.

GLOSARIO ECOLOGICO Y CULTURAL DE LA SEMANA SANTA

BRUSCA: Cassi Occidentalis L.

BOLITA: lo que en otra parte se llama perinola (Arturo Graffe)

CASO O CACHO: cuento corto.

JUEGO DE PARAPARAS: Subero (1963) distingue el Juego de los Muchachos: Quiminduña o Quiriminduña (en Miranda), Quiminduñe en Anzoátegui, siminduñe o Pirinduña en Nueva Esparta. Lisandro Alvarado registra Quelemenduña. Aunque en Guárico hemos oído quiriminduñe y piriminduñe. Subero menciona ademas el Pare o nones, A los cuantos días nos casamos, La Cesta Ballesta o La Zeta Galleta, ¿A qué hora? , ¿Qué come mi caballito? En tanto que considera Juego de Los Mayores: Los Castillos, Solteras o Casadas, ¿Me quieres o no?, Tu y yo, Gavilán o Paloma, ¿A qué hora?

Localizamos en Santa María de Ipire y en Las Mercedes del Llano los siguientes juegos con parapara en lugar de pichas o metras: Piche y Hueca, Huequito y Saco (información de César Balza).

Y estos a la manera del pares o nones: ¿Qué fabrica este negrito aquí? , A los cuantos gritos / canta un loco / a las costas del Orinoco. ¿Cuándo me casaré yo?, La Zeta Galleta / la niña le cuesta/ que se case la de arriba / y me deje la de abajo, Pajarito con qué o sin qué, Cuántos gritos / pega un loco / en la costa del Orinoco.

MATRACA: eran tablas gruesas de aproximadamente treinta por 40 centímetros con una asa superior por donde se agarraban y argollas gruesas y grandes en cada cara, o hierros en forma de grecas, con movimientos libres de 180 grados sobre la superficie de ella”. Libertad de movimiento, a izquierda y derecho, que generaba el sonido de traca, traca, traca (Hernández, 1988, p. 140).

PARAPARA; sapindus saponaria, es un árbol mediano que crece en las regiones calidas, hojas de verde oscuro y limbo consistente, flores blancas, “dispuestas en paniculas axilares”, fruto redondo, arracimado; semilla negra, dura y pulimentada, casi perfectamente esférica” (Rivero Oramas, cit. por Subero, 1963).

PARES O NONES: se realiza entre dos jugadores, uno de los cuales tiene semillas de peonia, parapara, piedritas, caramelos o pericocos, granos de maíz de la primera cosecha, que se disponen de manera par o impar con las manos cerradas, para que el otro participante adivine.

PAPAGAYOS: cometas, voladores, barriletes para cuya elaboración es esencial la precisión exactitud y proporción en las medidas, estructura de cana conocida por vereda o vera, recubiertos con papel de seda y cola con tiras

PASTEL DE MORROCOY: una especie de tortilla de laboriosa confección. En algunas poblaciones llaneros suele prepararse el morrocoy o tortuga asados en su propia concha.

PELEAS DE COCOS O ECHAR COCOS: consiste en partir los cocos golpeando uno contra otro.

PELEAR O ECHAR LOS HUEVOS: uno de los contrincantes sostiene el suyo, para que el otro lo golpee.

PERINOLA: Arturo Graffe dice que en Guaribe perinola es el trompillo.

TROMPOS: tallados en madera de l;a forma cónica con un clavo o un trozo delgado y fuerte de metal, sobresaliente en su extremo inferior, la madera es generalmente pulida y decorada con pintura y para ser bailado requiere de un cordel.

TROMPILLO: trompo pequeño para jugar a las suertes. Se elabora con las espinas de bosú o palo e mapurite, marcadas en cada uno de sus cuatro lados, las letras M (meta) T(tome) S (saque) y D (deme).

ZARANDA: Especie de trompa o trompo grande, fabricado con el fruto del taparito (crescentia curcubitana L.) o del taparo o totumo (crescentia cuhete L.), llamado también camaso, güiro o cucharo, cuya época de maduración coincide con la Semana Santa. Las mas generalizadas suelen hacerse con totumitas de tapara a las que se ponen agujeros y una puya, de manera que, arrollándolas, como a trompo, gira como él, produciendo un ruido agradable (Olivares F., 1960).

ZAVILA: Aloe Vera L.

ILUSTRACIONES  “Llano guariqueño”, fotografía de Arturo Álvarez D´Armas

Y calles de Zaraza.

Esquina entre la Calle Flores y la Calle Libertad.

En este sitio o en sus proximidades estuvo la casa solariega de los Barberii en Zaraza

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

EL ROMANTICISMO LLANERO

GFBEL ROMANTICISMO LLANERO:

DESIGNIO HISTÓRICO EN LA POESÍA

DE GERMÁN FLEITAS BEROES

Dice Arístides Rojas que la poesía llanera es más guerrera que amorosa. Quizá los corridos que llegaban hasta su lar caraqueño. Un sentido belicoso que asociado a la reciedumbre que caracteriza a cuanto tiene que ver con el trabajo de llano, base de ese modo de vida que es la llanería o llaneridad. Aunque, a mediados del siglo XX, se experimenta en la poesía y el canto llanero un sesgo hacia la temática amatoria que se manifiesta con énfasis tal que, prontamente, se extiende a casi toda la´República. Encrucijada de la historia nacional en que la cultura llanera copa buena parte de los espacios de la vida nacional. Por lo menos tres cultures cumplen, en tal circunstancia, un protagonismo destacado, voluntaria o involuntariamente: Juan Vicente Torrealba, Ernesto Luis Rodríguez y Germán Fleitas Beroes. Me refiero aquí acerca de éste último, de quien celebramos los cien años de su nacimiento (Camaguán, 1916- Caracas, 1996).

No fue escritor desvinculado de su tierra. En cierta ocasión me entregó un texto autobiográfico en el que se autobiografiaba: ¨Soy llanero de pura cepa. Nací en Camaguán el 13 de marzo de 1916, y me formé en ese pueblo del estado Guárico que sólo dista unos trescientos metros del estado Barinas¨. Agregando haber navegado por los ríos y transitado casi todos los rumbos llaneros: ¨Crucé por muchos caminos y aprendí a conocer a los llaneros. Con ellos conviví durante largos años¨

Identidad que confirma su amigo y hombre de llano, Reinaldo Espinoza Hernández cuando lo cataloga como “poeta de miga olorosa a tierra fecundada por la mano del hombre, a llano trabajado y auténtico, a majada marcada por el hierro y a caminos hechos y rehechos por generaciones que realmente conocen lo que es el movimiento. GFB es un adivino de la palabra, porque él la va nutriendo por la lenta estribación de su expresión lírica, la va formando en el interior de su espíritu como se forman los sonidos a través de la palmera y no dice nada que no esté animado por una intensa exacerbación del canto, de la luz y de la vida. Yo lo llamaría, para mi gusto de poeta, el gran terrateniente del sustantivo en la poesía lírica venezolana, porque en sus inmensas posesiones de versería él personalmente y dentro de un humorismo de la más fina clase” nos entrega “verdaderas lecciones de ecología semántica, para decirlo en la referencia de mi amigo José Natalio Estrada que ya no vende ganados sino ideologías celestes, mata tigres aurorales, porque a los sustantivos los mete en la copa dorada de la poesía y les permite rondar en las noches de media luna, los alberos de su casa… he recorrido gran parte de la patria llanera, buscando los símbolos de nuestra identidad y de nuestra permanencia. “

Pero los tiempos se apropian de GFB. O mejor dicho: el Llano lo convierte en  mensajero para un momento crucial, signado por una dictadura y una modernización que impulsa el abandono de los campos. Circunstancia en que el Llano recibe un golpe de gracia y clama por modelos de resistencia, cuyas alternativas sabe aprovechar la etnicidad. Entre otras, algunas presencias en la capital, a modo de un congresillo de llanerías, que se revelan de diversas maneras. Una de ellas: cierto modelo de romancisicmo, que se cuela en el arpa de Juan Vicente Torrreealba, la voz de Mario Suárez y los versos de Ernesto Luis y Fleitas Beroes y otros más, para esa aculturación antagonista con que las etnicidades se resisten a perecer. Clamor en el que, descuella, de manera contundente y, desde la reciedad, Angel Custodio Loyola.

La tónica lírica tuvo su mejor escenario en los contextos citadinos y sus numerosos canales, radiales, televisivos, centros sociales, espectáculos, parques de atracciones y hasta rocolas, moldeando el gusto de casi todos los estratos sociales de la sociedad venezolana de la época.

Notable impacto deja en el acervo sentimental venezolana varias de aquellas letras y temas compuestos por GFB. Resonaron y resuenan aún

Con JVT: “Muchacha de ojazos negros”, “La Llanura”, “Guayabo Negro”, Madrugada Llanera, “Sueño Llanero”, “San Fernando”, “Mi pasaje”. “Muchacha sabanera”.. Mujer Llanera¨, ¨Muchacha de Ojazos negros¨, ¨Tu y el mar¨,

.Guayanesa en la interpretación de Mario Suárez.

Las que canta Jesús Moreno Moreán: “El beso que te dí”, “Estrofa de Amor”

Las que GFB compone con Juan Briceño Zapata: “Canoero del Guanare”, “Resentimiento”, “Una Casita Bella”, “Caminito Verde”.

El golpe “El Cigarrón” que popularizó Rafael Montaño.

Los títulos de sus obras parecen indicar ese tránsito desde la reciedumbre hacia el lirismo que signó la vida venezolana bajo la bonanza de los años cincuenta, en que, contradictoriamente, los campos eran vividos más desde la nostalgia: ¨Tolvanera¨, ¨Cien coplas¨, Estrellas y candiles¨, Arpa que me rinde el sueño¨ y ¨Pásame acá la guitarra¨.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

LA MUJER LLANERA

Copia (2) de En el patio 004

LA MUJER LLANERA

Uno de los llaneros del Diario de Antonio José Torrealba confiesa que “le sube la dosis de cariño a la mujer” cuando “le ponen amor a nuestros animales”, conteste con la famosa copla: “mi caballo y mi mujer / se me murieron a un tiempo / Ah malaya mi mujer / mi caballo es lo que siento”

Pero cabe una lectura de esa presunta supeditacion, dentro de los valores de la etnicidad compartidos y propiciados por la mujer llanera.

En cierta literatura. Incluso la galleguiana, se pone de manifiesto el peso determinante de la mujer en el mundo llanero. Una presencia que se impone con toda la energía de su poder complementario y antagoniista

Conviene una cuidadosa lectura de la funcionalidad de personajes femeninos tanto en Doña Barbara como en Cantaclaro: Barbara, Marisela, doña Nico, Rosangela, etc. Asi como otras llaneras que dicho autor menciona en novelas cuyo escenario no es el llano. A saber: America Peña en Reinaldo Solar: “llanera zamarra.

Aunque se detecta casos ejemplares, desde lopensado, construido, dicho y hecho desde el lugar cultural” que nos ocupa (Unda, Y., 2012). Al efecto el importante testimonio de vida titulado Relato De Pancho Cuevas: una mina de historias (Anaya L, ., Umberto, 2007). en el cual se conjuga “el llano en femenino” desde sus primeros veinte días de nacido en que una temeraria mujer lo adopta porque el padre lo presume enrazado con “flojo”. Casi todas las mujeres que menciona lucen más activas que pasivas, en decisiones relacionadas con el amor, el hogar, la educación de los niños, la lucha política, etc. Y don Pancho Cuevas as lo reconoce y orienta ´sobre la posibilidad de un sentido matriarcal de la cultura llanera:

Trabajando por primera vez por los lados de Rondón, “conocí una muchacha conversadora que tenía buena anca y en el pecho unas demasías de la naturaleza”.

Estando preso por apoyar las guerrillas de G Salcedo, embarcando prisioneros para ejecutarlos, le toca a “una mujer que se llamaba Carmen”, quien echa a gritar “Cabrones… ¡cabrones sin pantalones, pónganse las pantaletas que yo cargo y vayan a darse plomo al monte, pero no asesinen a una gente desarmada, parranda de maricos”. Interviniendo un teniente “liberal” y los liberan. Agregando que “una mujer también salvó a Guadalupe Salcedo de una encerrada que le había hecho la tropa”. Le lleva carta en el ruedo del vestido y, al verse descubierta, se lanza a un río caudaloso y llega con la advertencia que salva al líder llanero…

Dos muchachas de su relato se manifiestan dentro de ese perfil proactivo:

La hermana del Negro Félix que establece las reglas del juego

La muchacha a quien lo encargan cuando queda todo fracturado por la embestida de un toro. Quiere instruirlo del mismo modo que la hermana del Negro Félix: “livianita como un costal de plumas y hacia las cosas con tanta delicadeza y ternura que nunca me maltrató” (p. 66).

Estará luego con una “catira marmoleña con un pelo de cola de vaca meada, de buenas proporciones, ojos garzos y un andar gracioso y derechito como las doce en punto!” con la cual “la temperatura del amor era más que de cualquier otra mujer que yo haya conocido” (p. 77-8).

Habrá otra: “bien llanera, esbelta, de los lados de Rondón, ágil y muy bonita. Su casa. Pobre, orgullosa y altanera, que se irá luego con él para Tame, luego de mucha insistencia y requiebros: un cuerpo de mapora, una cachama entre un charco de bagres (79-82).

Le gustan “las mujeres cerreras y bravas”, pero su esposa Concepción hubo un momento en que se pasó “de maraca” (p. 73)

A modo de historia intercalada, relata la que vive, en las sabanas del Cravo, Pancha Vásquez, la inspiradora del personaje Doña Bárbara de Rómulo Gallegos D (69-70)

Amansará vacas que quedan “tan mansiticas y generosas como una mujer cuando de verdad lo quiere a uno” (p. 38).

¿Y qué decir de otras a quienes se les asocia también con el famoso personaje galleguiano:

María López;.“Una mujer que caporaliaba su ganado de Arauca a Villavicencio…Mandaba sobre sus 30 y 35 hombres; era una vieja berraca para el trabajo y para todo” (Pérez Ángel, H, P. 2010)

Bartola Gistrand, en el hato El Casabe, cerca de Mapire, Don Jesús Sandoval de Soledad la describe “mestiza autoritaria y hombruna, , excelente llanera, muy tímida por la fama de bruja que tenía…cuatrera terrible, de revólver en la cintura y con guardaespaldas, dueña de grandes extensiones de tierra y de millares de cabezas de gganado, pero sobre todo era fiestera y amante de cambiar de amigos con regularidad. . (Bartola Gistrand: la otra Doña Bárbara” por Rosalía Villegas, en El Diario de Caracas, 2-8-1984)

Petra Sandoval: “impetuosa, decidida, responsable, caritativa y bondadosa “, comerciante, navegante, patrona de bongos con espadilla y palanca, con tordillo y panetas, a su disposición dos o tres bongos, viajaba con sus hijos varones Salvador (Curito), José Francisco y Jesús Sandoval (Grito e Lata), naufragó 7 veces. Una vez con una carga de cochino, se quedó sola picando las amarras de la troja con los cos, que a salvo, se lanzó a la orilla, cuando llega a una mata de mangle, “se le aboyó el caimán y ella, le echó un carajo y le tiró algo que traía en la mano, el bicho se sambuyó y ella sube a la mata. Otro bongo la rescató y recogió todos los cochinos que salían por todas partes. Se remontaba hasta la Playa de las Tortugas, que se traía a SF. Una vez con la carga durmió a la orilla del Orinoco mientras aguardaba que amainara por bravo, vio en sueños un Ángel y se percató de que el paso estaba mansito. Lo atravesó y otra vez se puso bravo. (Carta de Gladis María Almeida de Gutiérrez, su nieta, en Bruzual), 11-11-88

Basiliota, de Cantagallo: arriadora de ganado desde el llano adentro hasta Los Corrales de San Juan y hasta la Villa y Valencia, camisa ceñida al cuerpo con falda larga y ajustada, hechas de tela de sacos de harina Gold Medal, calzada con cotizas, crinejas y pelo e guama. Correa a la cintura , filoso cuchilla, s echaba el palo con los vaqueros y tendría mujer, hija según de Juan de Mata de Cantagallo y su hermana Mariota zapateaba como un hombre también. Basiliota esbelta, alta, delgada, buenamoza de cara aindiada, ligera para quitarse un golpe o pardillazo. Peleonera como su padre. Pelo achicharronado. Bailaba en los fiestas donde tocaba Perolito en los saraos burriaos en el Mabil de Los Corrales. Evitaban piropearla para que no resoplara su encabuyao. (Torres, P. en El Nacionalista 3-9-81)

Doña Nicolasa Noguera de Marin, de El Sombrero, Falleció en 1995 A LOS 85 años de edad, según Rojas Graffe (La Antena del 26-8-95) conservaba destrereza para manipular una escopeta moricha o tremolear un cabo e soga, su hijo Pedrito Marin, dijo: “mujer vergataria, bizarra y cuatribolia para enfrentar con firmeza los avatares de la vida. Mujer de a caballo y hábil con la soga cuando se trataa de agarrar un toro cachilapo o un becero mamantón”.

Flor Manuit: de Chaguaramas. No sólo era famosa por tratarse de una mujer de armas tomar, si no que hizo periodismo: fundó y redactó un periódico y escribía versos. Por mucho tiempo fue correo del llano, manejando su propio automóvil, casi siempre sola.

Alcira Mota, de <parapara, mencionada por el cronista Belisario.

Arévalo Cedeño tenía su escuadrón de mujeres. Conocimos en Los Laureles, a doña Dominga, cuya madre le da a luz en esas correrías.. .

Significativa es la importancia concedida por el poeta mayor de los llanos, Julio Cesar Sanchez Olivo, a las mujeres de su entorno, especialmente su esposa Guillita.

AMOR Y MORAL

¿Qué como aguanto ese peso

Del destino sobre mi alma?

Porque mi mujer me da

Lo que en la angustia me calma.

¿Acosa me da dinero

Como remedio a mi mal?

No, No¡ Me da solamente

El vigor de la moral.

Ella no me da el pedazo

Quitado por el doctor

Pero todos los pedazos

Los remienda con amor.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

CRÓNICA DE UN VIAJE AL SUR

CRONICA I

CRONICA II

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

ECOLOGÍA DEL LLANO EN MARZO

COSTOORINOCO

ECOLOGÍA DEL LLANO EN MARZO

Adolfo Rodríguez

Dice don Félix León que en cuaresma florean: cañafístola (amarillo castaño), pericoco y bucare (anaranjado), jobo (blanco), orore (azul). Este último echa vainas y se encuentra a orillas de las quebradas; el caro: tostao, cuyo bagazo come el ganao, el apamate (moradas, rojas, blancas, rosadas) temprano si va llover, morao el roble, guamacho amarillo, el algarrobo mazo de flores blancas, blanco el guarataro.

Mientras Miro Popic menciona:

El Samán, árbol emblema del Llano, generoso en sombra y frescura, Lluvia de Oro, que liban los colibríes; el Matarratón. el Cedro en partes que no se inundan. Y dos especies de Jacaranda morado.

En tanto la Palma Llanera, típica de las partes bajas, concluye su floración.

Y en los bosques deciduos de Guaribe: el apamate morao, palo de montaña, guamo cere cere, semjante al mamón, el largo torcío y el cajeto.

Los frutos del Coco de Mono, ya maduros, alfombran la base del árbol.

Dosova en playas del Orinoco la Tortuga Arrau.

Salen de sus huevos las tortuguitas Terecay, parecida al Galápago Llanero, pero con pintas más claras en la cabeza.

Joseíto Jiménez, Cronista de Cabruta, nos dice que con las nubazones salen las Tortugas en un radio de un kilómetro frente al pueblo. Los temporadistas van de noviembre a abril de todo el país. Las chalanas llevan hasta diez mil. Se daba a cada familia según sus miembros, un área medida con un cordón, previa verificación de la existencia de huevos, con una puya que se hunde y era casi medio metro aprovechable. Se vigilaba en la noche y hubo encargados de la repartición hasta que en 1958 asumió la GN. Los huevos se aprovechaban para el aceite de tortuga que se expendía para candelabros y otros usos. Para que no se murieran las Tortugas, luego de soleadas al penetrar al agua, se formaba una gran fila de gente azuzándolas desde la orilla para que no salieran. Las que se morían en los viajes se las comían. Al otro lado la playa ennegrecida por las numerosas que allí posaban. Los jaujales escoltado los playones.

Y José Acevedo: esta playa la voy a sellá; con el talón, y sacaban lo que querían: dos y tres mil huevos, para vender o regalar.

Las Babas tras los últimos residuos de agua, al no hallarlos, se entierran en lodazales y subsisten allí varios días.

El zorro guache, al anochecer, procura presas junto a sus crías.

Dejan su nido juveniles gabanes y garzones soldados acompañan los adultos, por comida, en los esteros.

El Rey Zamuro con sus pichones, en grandes ramas de los bosques, mientras el Halcón Aplomado se anida en sitios abandonados y de fácil acceso.

Los llaneros del Costo Orinoco….dicen que del 15 al 20 de marzo principia el flujo de la aguas orinoqueñas” que “induce a pensar que la temporada de lluvias debería comenzar en los primeros dias del mismo mes, en las lejanas fuentes del Orinoco, en la zona selvática del Teritorio Amazonas, junto a los límites con el Brasil” (Tamayo, 1961, 22).

Jorge Plaz (en Torrealba, op. cit.) reporta marzo en Apure:

Con sus mediodías reverberantes,

Bosquejan espejismos bellos y raros

Los rayos del sol recalcitrante.

Es el mes que ponen las Tortugas

Y el escogido para cortar Madera;

Es el mes de poner los cardenales

Y en el que maduran las uveras.

Es el mes en que se castran las colmenas

…………..

El mes ardoroso en las llanuras

En que el llanero se echa su sesteada

Bajo bosques frondosos de chigales

En guayabales a orilla de cañada.

Es el mes que seca las lagunas,

En que se ven preñadas de gabanes

Y de todas aves de ribera

……..

Los patos pelones se cogen en bandada

Y el bello matiz de las corocoras.

……..

Se ven cruzar los fuegos fatuos por la noche

…….haciendo ruido con las hojas.

Ramo y Ayarzaguena anotan que por marzo “los bajos niveles de agua hacen que la fauna acuática se concentre, y muchos herbívoros y peces, mueren”, coincidiendo “con los primeros vuelos de los jóvenes carroñeros”.

Tiempo que se percibe en la Silva Criolla de Francisco Lazo Martí cuando el incendio “ha desplegado” ya por dos veces su “abanico flamante” tras “yerbas infecundas”.

Por marzo y abril es la bola de fuego, saltando de monte en monte (Colmenares del Valle, 2000, 84).

(Siger y Vareschi, 1982) apuntan que en el mes de marzo, el aire está tan viciado con partículas de humo, que se puede sobrevolar a poca altura el río Orinoco, sin darse cuenta de ello.

Grandes serpientes y cocodrilos son sorprendidos a veces por la sequía en sus pantanos. Cuando esto ocurre se encuentran en el Fango y caen en un un sueño de sequía, el cual es regulado por la hormonas tal como sucede con animales en las zonas frías…”

Y en la mirada del viajero Sachs en 1876 ante los “monstruosos ejércitos de insectos” entonando “el canto chillón de los saltones y el lloroso tono atiplado de los zancudos”, ninguno como la cigarra, desde “todos los árboles y todos los arbustos de la Plaza Guzmán Blanco de San Fernando de Apure”, la inconsolable salmodia. Refiere la atención que merece a los griegos Anacreonte y Xenarco, este último autor de una famosa oda que Goethe traduce al alemán y, al castellano, don Pepe Izquierdo:

Bendita eres tú, chiquita amada

Que en las ramas de los árboles

con poca bebida entusiasmada

cantando vives como reina.

Días de morrocoyar..Los quelonios hibernaron entre cepas de maya, mogotes o promontorios de madera seca, hasta que la rumazón o el trueno de marzo, los incite de frescor y apareamiento. Por entrada de aguas son las crías.

Éxtasis según Cabrera Malo: “!Qué noche!, no la olvidaré nunca. El cielo de la pampa, una sola rumazón siniestra; la oscuridad, compacta; relámpagos y truenos sordos, a lo lejos; y junto a nosotros todos los cocuyos del matorral volando y rutilando en silenciosa zarabanda fúlgida que era como el chispear de alguna fragua invisible”.

Los araguaneyes “pomposamente vestidos de amarillo” como si flotaran “sobre las aguas muertas de un lago visionario” (Ibíd. 41).

¿Acaso los días en que el demonio hace acto de presencia en el contrapunteo de Florentino y El Diablo de Arvelo Torrealba?, Esa fase susiguiente a la cuaresma en que todo luce al margen de la mano de Dios:

Puntero en la soledad

Que enlutan llamas de ayer,

Macolla de tierra errante

Le nace bajo el corcel.

Ojo ciego el lagunazo

Sin garza, junco ni grey,

Dura cuenca enterronada

Donde el casco da traspìés.

Los escuálidos espinos

Desnudan su amarillez,

Las chicharras atolondran

El cenizo anochecer.

Parece que para el mundo

La palma sin un vaivén.

Cuaresma y, sobretodo, semana del concilio, son para elaborar papagayos, mientras las muchachas, sus padres o parientes recolectan camasitas con qué confeccionar las zarandas y encavarlas sobre el propio terreno vaciando las semillas para que los ciclos de la tierra vayan acordes a la tradición. Marcela de Rodríguez considera que antes se daban más porque había menos bachacos y hormigas y ahira las máquinas descalabran el mundo dice Catalina, mujer de Félix León.

Concitación de lo primario, luego del miércoles de ceniza en que la gente comenzaba a brotar desde los montes más oscuros, por el sur de las Mercedes, Jobo Mocho, Barrancas, Casita, San Mauricio, “picando troya”, con trompos, generalmente elaborados de la madera del guayabo, porque son más zumbadores, livianos y serenitos, como el que recuerdan aún por Mata e Juajua bajo el nombre de “Trueno en marzo”; sin desmerecer los de taparo, mamón, guatacaro, palo sano, floramarillo o roble (aunque estos caen pesaos y los de caruto salen tataretos). Las rolas para elaborarlos cortadas en menguante, veinte o quince días antes de la Semana Mayor.

“Serenos” o “tequenitos” bailan “mejor” Quienes los labran o poseen los pintan con hojas de “túa-túa” y otros colorantes. Resplandor de triunfo los ilumina cunado los cogen en la uña o captan el zumbido de su armonía sobre el terraplén….El Tuerto Juan Canache de “Borbollón” gozaba de prestigio por sus trompos de taparo (Martínez, J. F., 1982; Balza Lugo, 1986).

Preparativos para el mayor lucimiento de la Semana de la Pasión, todo sujeto a escrupuloso maquillaje: templos, iglesias, casas que albergan santos que saldrán en procesión y habrá tributos hacia los hospitalarios dueños. Proximidad de coquetería, ya que es tiempo de estrenar, lucir trajes elegantes, hombres y mujeres, y hasta excederse en el acicalado como reseña Juancho Cartens por San Fernando en 1878.

No obstante, recogimiento, unción, comunión con la tierra, sin menoscabo del regocijo ante los hechos de la Pasión y sucesos que invaden los campos relativos a percances propios de la semana mayor.

Recuerda Ana Socorro del Corral que en el Llano, desde el día de ceniza, las arpas son encobijadas, mientras reposan, en la pared, cuatros y maracas, como para dar paso a las profundas pulsaciones que están plenando todo: “los rumores de la llanura arrullándole el sueño, como en los claros días de la infancia (…), los rebuznos de los burros que venían buscando el calor de las humaredas, los mugidos del ganado en los corrales, el croar de los sapos en las charcas de los contornos, la sinfonía persistente de los grillos sabaneros, y aquel silencio hondo de soledades infinitas, de llano dormido bajo la luna, que era también cosa que se oía más allá de todos aquellos rumores”, de acuerdo con la percepción de Santos Luzardo al retornar a su tierra (Gallegos, 1977: 42).

Con el canto de las chicharras en variados matices tenues, “los ocres, los grises pardos, los sienas del verano” Un sol que “ mustia los pajonales y el brisote resquebraja y deshoja los arbustos en matas y cañadas”, quemas que enlutan bajizales y bancos, “decorando el negro riguroso con los encajes blancos de la ceniza. La sed que exprime raíces de árboles implorantes frente a cortinajes de nubes, “densas y sombrías como en un cuadro de Veynerk” (Loyo Rojas, 1985).

La dieta constreñida a la progresiva identidad con lo ancestral: abstención ante las tentaciones de la carne como en Naiguatá donde se cumple el ritual del Entierro de la Sardina el miércoles de ceniza. Desprendimiento que es entrega, a su vez, a los dictados de la naturaleza que conforma el ritual: los ex- votos con frutos que cosecharán o fructificarán con las lluvias; durante los seis viernes previos a la semana mayor, se desayuna con un pedacito de pan (la parva) y agua, aunque en los almuerzos de todo: pisillo de pescado, caraota pintada, huevos de terecay, arroz con coco, dulce de ciruelas, batíos de papelón, pira de ahuyama, sardina, legumbres y pasteles; aunque en las noches frugales cenas de café con leche, pan y queso rayao.

Para Loyo Rojas la “ausencia de funciones religiosas” en los campos llaneros, explica estos “placeres de la mesa”

Márquez G. (1999) cuenta cómo en Achaguas los días previos a la Pasión son conocidos como “Semana de ‘Buscá’ porque se anda de “galapagadas o cazar galápagos, babas, morrocoy, caripatúa o jicotea”, pescado salado y chigüire. Los platos pautados por la tradición.

Comentando Sachs que en San Fernando de Apure durante la semana santa de 1876 enriqueció su cultura culinaria, al sustituirse la carne de res por la de chigüire puesta a secar, más la sopa de tortuga o morrocoy, que halló apetitosa.

Deleites que, según Ramón Páez, autorizaba la iglesia por ser “animales de agua fría”, refiriendo la caza, el viernes santo de 1846, de 300 cachicamos e igual porción de tortugas durante una operación de cuatro horas ejecutada por los llaneros del Hato El Frío, posesión de su padre.

Las romerías no sólo en función de subsistencia, como constata Monseñor Martí en 1779 en San José de Tiznados, ya que las “grandes pesquerías” no son más que “grandes desordenes con el concurso de hombres y mujeres”. Y prohíbe que mujeres solteras de ocho años arriba concurran, instando, al teniente o cabo, a encarcelar a quien incumpla su recomendación. Sin que se deje de comer carne.

Guabina le dijo a bagre

Vámonos pa el caramero

porque estamos en cuaresma

y vienen los tarrayeros

El cuento de Salvador Lara “Camino de los Jabillos” dice de esta época: “el casco sonoro sobre la tierra templada, agrietada por la sequía de marzo. Desnuda la madera, encueva los lagartos, enmiela los matajeyes. La enjalma sudorosa mojaba las correas. El tui, tu, cu de las tórtolas marcan el mediodía, por la trocha amarilla camino de los Jabillos jinete y caballo perfilan el horizonte”.

De Arnas Chitty en 1949 que “Si por mayo el mundo invita a que se le recorra, por marzo es una angustia secreta la que le lleva de un lugar a otro. Todo hijo de la llanura tiene el perfil borroso de la tierra sedienta”.

Quien en Cardumen (1990) escribe que “marzo no tiene agua; sólo dora los araguaneyes y pone tonos rosados en los acapros”.

Cabrera Malo que “El cálido aliento de la sabana asoleada llegaba hasta nosotros. Espejeaba el desierto sin límites, y el cielo era una como bóveda de acero caldeada hasta el rojo blanco, que evocaba en mí las próximas marchas extenuantes por los arenales lóbregos, bajo el vuelo de las gaviotas agoreras; la calma temerosa de los mediodías; las tardes cayendo en el medroso silencio, como un pesar irreparable, sobre las cosas sin relieve; las alucinantes claridades de las noches, el estupor de la lejanía gris; y, tras la efímera frescura de las auroras, otra vez las jornadas que no se concluyen nunca, otra vez el temblor de horizonte entre los vapores caldeados; otra vez la llanura impregnada de soledad, jadeante de fiebre y exhalando el melancólico olor de yerbas secas a la luz cadavérica de la luna” (p. 330).

DESCENSO A LO PRIMARIO

No hay trabajo de llano, pero parecen resurgir los de reminiscencia aborigen, cual reencuentro con los orígenes: recolección, pesca y hasta la caza, aunque en términos más ecológicos. Es la búsqueda de ramas, frutas y flores. Loyo Rojas habla de una “época de romerías”, mencionando rancherías establecidas en las costas de los ríos, caños y montañas, “ya en la procura de la salón de chigüire…o la de lanzarse al apaleo de las charcas…método singular de asir…el escurridizo galápago”: ese lujo de destrezas en que se pone de manifiesto el dialogo del hombre con el medio natural sin perturbarlo, pactando con la ferocidad y la abundancia, y otorgando su debido lugar al gran depredador, que se luce careándose, lúdicamente, con el entorno natural.

Nada interponiéndose a la ocasional consustanciación con lo primario: buena parte de las labores habituales quedan en suspenso, como trozar leña para no herir al Señor ni barrer los patios para no dañar sus costillares, no viajr lejos, lavar ni cazar; cesan las queseras; no se golpea los animales y se permite a los becerros disponer hasta de la leche de ordeño, exceptuando la reservada para “arroz con leche”; no se muele maíz ni se hace arepas, no se tuesta café ni se pila ni se cabalga porque es hacerlo sobre las espaldas martirizadas de Cristo. Exponiéndose, quienes desobedezcan tales mandatos, a experimentar los correspondientes castigos: al cazador lo hiere su propia arma; el conuquero que intenta abrir callejones, halla ahorcado uno de sus becerros; la tierra se abre en un abismo para quienes se atreve a lidiar ganado. El Pez Nicolás es un hombre que se atrevió a bañarse en días santos y las sirenas y toninas mujeres que infringieron tal restricción,

Dice Ana Socorro Del Corral que por la semana del concilio son las expediciones para castrar colmenas o colmenear valiéndose de taparas forradas con pencas de palma o de moriche, sabanear corozos en los jagüeyes, pericocos para los juegos de pares o nones (pericoqueando), morrocoyes (morrocoyando) para el pastel o cuajada o guiso con arroz que se consume desde el miércoles santo, o el rayado para el hervido, baba para el pisillo de rabo e baba como se estila en Guardatinajas; chigüires, lapas o báquiros acosados con perros (chigüireando), o la caraota pintá o tapiramo que en los campos de Santa María de Ipire se consume guisá. O yuca para los buñuelos rociados con miel de erica, amén de los dulces de cirgüela,”topocho maduro” y lechosa.

ILUSTRACIÓN: Croquis alusivo a la ecología del Costo Orinoco. que acompaña estudio de Francisco Tamayo para la revista caraqueña El Farol.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario